Clase Magistral sobre biotecnología agrícola
– En la Conferencia de la industria de semillas del valle agrícola de China central- 2025, se compartieron experiencias de éxito sobre la recuperación de ecosistemas agrícolas y la disminución del uso de agroquímicos que son un foco constante para el medio ambiente.
El docente e investigador de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción, Dr. Ernesto Moya Elizondo, fue invitado a la Conferencia Internacional de la Industria de Semillas del Valle Agrícola de Zhongyuan, en la provincia de Henan, en China, para presentar algunas de sus líneas investigativas relacionadas con biocontroladores y su impacto en la producción de trigo.
A la conferencia asistieron más de 500 personas y participaron investigadores de diversas partes del mundo como Australia, Italia, Malasia, Estados Unidos y en representación de China, expusieron expertos que trabajan en la línea de producción de semillas.
“Presentar los resultados de nuestras investigaciones en un foro internacional como este significa que el conocimiento que generamos está traspasando fronteras. Además, demuestra que lo que hacemos con los biocontroladores tiene un valor muy importante para la seguridad alimentaria global”, expresó el Dr. Ernesto Moya Elizondo quien tuvo también la oportunidad de conocer dos universidades: Henan Institute of Science and Technology (HIST), ubicada en Xinxiang y Xinyang Agriculture and Forestry University (XAFU) localizada en la ciudad de Xinyang, en la provincia de Henan.
“Con la primera universidad mencionada, el año pasado se firmó un memorando de acuerdo de colaboración conjunta y en este viaje logramos generar un primer acuerdo para desarrollar un proyecto conjunto para establecer una línea de investigación de fungicidas y biocontroladores, ya que esto último tiene un impacto en los rendimientos de cultivos como el trigo”, precisó el experto quien también señaló que tanto en HIST como en XAFU, se reunió con sus autoridades, con la lógica de desarrollar actividades de investigación y de colaboración académica.
Biocontroladores
Desde hace más de diez años el Laboratorio de Fitopatología, perteneciente al Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía y que lidera el Dr. Moya, viene realizando estudios sobre el uso de biocontroladores que permite a los agricultores responder de forma eficaz a la demanda de sus cultivos, ofreciendo productos con residuos
mínimos o nulos y facilitando el acceso a mercados internacionales que exigen certificaciones orgánicas o de buenas prácticas agrícolas (BPA).
En este sentido los estudios realizados representan el cambio de paradigma en la agricultura, considerando el cambio climático y la protección de la biodiversidad. “Nosotros incluso creamos en 2020 la primera empresa de base tecnológica de la UdeC, y nuestro propósito es resolver problemas fitosanitarios en cultivos y frutales a través del desarrollo, producción y comercialización de bioproductos, asesorías técnicas y ejecución de proyectos”, puntualizó el Dr. Moya quien también tuvo la oportunidad de conocer sitios emblemáticos como la Muralla China o el Templo Shaolin, además de asistir a actividades culturales y tradicionales en el país asiático.
El doctor Marco Sandoval, advierte que 60% de los suelos de Chile están degradados, pero es un problema infravalorado. El sustento para la vida, cultivos, alimentos y economías tiene una resiliencia que le permite seguir funcionamiento, aunque con la intervención humana, incendios y eventos extremos se erosiona y daña su calidad y roles como demuestra la evidencia. Recuperar, mejorar y conservar es un reto urgente para asegurar el desarrollo y bienestar local.
Sustento esencial para la vida, sin excepción.
El suelo tiene una compleja composición de la que, aunque se hace invisible a nuestros ojos, se depende vitalmente para preservar la biodiversidad y la humanidad de muchas formas. Desde soportar las muy diversas plantas que producen el oxígeno que necesitamos para respirar en el planeta y pueden ser fuente de alimentos, materias primas y economías, hasta retener agua y participar del ciclo de carbono.
En efecto “la degradación del suelo es unos de los daños ambientales más graves que enfrenta el país, y por la resiliencia de nuestros suelos no se visibiliza como debería”, sostiene el doctor Marco Sandoval, director del Departamento de Suelos y Recursos Naturales de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción (UdeC).
Los estudios indican que cerca del 60% de los suelos en Chile tienen algún grado de erosión y degradación por distintas causas, expone. Y cada vez la situación empeora por esa interacción multicausal.
Al detenerse en Biobío, donde el suelo sustenta relevantes actividades forestales y agropecuarias, y la zona centro-sur y sur, advierte que los incendios forestales que devastan miles de hectáreas cada temporada estival degradan significativamente los suelos, y que luego las intensas lluvias de los meses invernales intensificaron la erosión.
Aunque sus funciones ecológicas y productivas siguen cumpliéndose normal a vista de la población general, pero no para especialistas como Sandoval que investigan para comprender y abordar la problemática, generando evidencias en distintas materias que impulsan a tomar decisiones y acciones urgentes para recuperar y preservar nuestros suelos, y así asegurar el desarrollo económico, seguridad alimentaria y bienestar social.
Un desafío local que se enmarca en uno global, en todo el planeta hay gran degradación, razón por la que cada 7 de julio se conmemora el Día Internacional de la Conservación del Suelo.
Grave impacto humano
“Nuestra especie es la mayor responsable de la destrucción del suelo”, afirma el doctor Sandoval.
Y es que pueden alterar y dañar nuestros suelos los eventos extremos como olas de calor, heladas, sequías, lluvias intensas e inundaciones que ocurren naturalmente, y cuya ocurrencia está aumentando en frecuencia e intensidad por el cambio climático, aumentando el riesgo y avance de la erosión y degradación.
Pero, las actividades e intervenciones humanas son las que impactan de forma directa: cambio en el uso de suelo, malas prácticas agrícolas como agricultura intensiva y uso de productos químicos sobre los cultivos, incendios forestales (accidentales y también muchas veces intencionales), tala de bosques y urbanización.
“Suelos degradados están relacionados con la pobreza y la mala nutrición de la población”
Con la degradación se ponen en riesgo la calidad y funciones vitales del suelo que repercuten en distintas aristas que terminan por amenazar el bienestar de territorios y comunidades. “Los suelos degradados están estrechamente relacionados con la pobreza y la mala nutrición de la población”, advierte el doctor Marco Sandoval.
Y es que resalta que provisión y calidad del agua que se bebe y usa para varias actividades esenciales a nivel doméstico y productivo, del aire que todos respiramos, y de los alimentos que consumimos, dependen de la función y la calidad que tengan nuestros suelos. Por ende “la calidad del suelo repercute en nuestra salud”, asevera.
Entonces, la erosión y degradación de este sustento vital desfavorece la conservación y provisión del agua, también la calidad y capacidad productiva de ecosistemas y cultivos, lo que se traduce en encarecer la producción y venta de alimentos o materias primas, además de limitar las alternativas y hasta afectar el suministro de ciertos productos y nutrientes.
La magnitud de las repercusiones empeora con el avance del fenómeno. “Se puede llegar a una pérdida de todas las propiedades del suelo, lo cual genera una pérdida de la biodiversidad que este sistema sostiene”, asegura el investigador.
El reto de conservar los suelos
Recuperar y conservar los suelos es un reto complejo, pero posible, y sobre todo esencial.
Las estrategias integrales son clave; se debe trabajar en mejorar directamente las actividades y causas humanas, y gestionar el riesgo y aumentar la resiliencia para afrontar el cambio climático e inevitables eventos meteorológicos extremos.
Sandoval asegura que la ciencia ha generado conocimientos y soluciones concretas y efectivas para enfrentar diversas situaciones específicas y están disponibles para su uso e impacto, desde tecnologías hasta modelos de manejo de recursos y estrategias para recuperar y mejorar suelos.
En ese aspecto está su propio desafío científico, parte de distintas líneas de investigación que se desarrollan en el estamento que lidera por distintos grupos y laboratorios. Por ejemplo, abordan y generan evidencias de efectos de incendios y recuperación de suelos; rehabilitación de suelos afectados por degradación, aplicación de materiales orgánicos y uso de agricultura regenerativa; y estudios sobre la relación entre la salud del suelo con la humana y planetaria.
El impacto real vendrá cuando las evidencias y soluciones que provee la ciencia se utilicen de forma masiva y sostenida. En ello, el investigador releva como crucial el poder generar convenios que permitan transferir todo el conocimiento científico, tecnologías e innovaciones que se han generado a los actores competentes, y así hay responsabilidad de considerar e impulsar cambios en organismos que toman decisiones, generan políticas públicas y administran recursos.
Ante ello, como los mayores retos de Chile en esta materia menciona “aprobar la ley de suelo que espera por años, y educar y preparase para eventos que causan degradación en los suelos”.
¿Qué es el suelo?
“Un sistema abierto, jerárquico, complejo y dinámico capaz de sostener ecosistemas terrestres naturales y/o productivos con manejos de mantención o sustentable”, define el doctor Marco Sandoval al suelo.
Esta concepción resulta de una evolución y profundización en la compresión de lo que es el suelo en su amplia complejidad.
El académico de la UdeC explica que en el suelo hay una relación entre distintos sistemas (físico, químico y biológico), componiéndose de materia orgánica e inorgánica, elementos como agua y organismos vivos como una gran diversidad de microorganismos, hasta las plantas que soporta, mientras éstas soportan otras funciones vitales.
Desde allí hay una diversidad de características en su composición que dan vida a diversos tipos de suelo, así también varían calidades y capacidades.
“Las características de un suelo están dadas por su material geológico, que a su vez se ve afectado por el clima y la vegetación”, precisa Sandoval. “Hoy la investigación nos permite incorporar los aspectos antropogénicos mayormente en la destrucción del suelo y en menor medida la construcción de suelo”, añade.
Y aclara que según la clasificación USDA a nivel mundial existen 12 órdenes de suelos, dentro de cada orden familias y subfamilias, llegando hasta las series de suelo que en una región pueden ser muy numerosas. Así que en Chile hay varios tipos de suelo, y varios sustenta a la Región del Biobío.
En este sentido, el investigador explica que acorde al tipo de suelo, su formación y otros factores, se definen características diferenciadoras entre estos. Por ejemplo hay diferentes proporciones de arena, limo y arcilla; profundidad, materia orgánica, capacidad de almacenar agua disponible para plantas, estabilidad de la organización estructural.
Según ello varían las capacidades y resiliencia del suelo, lo que es clave para valorar riesgos e impactos de distintos factores de erosión y destrucción, e incluso para diseñar estrategias de adaptación al cambio global. “De hecho, suelos más profundos, con mayor capacidad de almacenar agua y mayores contenidos de materia orgánica, permitirán enfrentar el cambio climático y procesos productivos de mejor manera”, afirma.
“De ahí la necesidad de mantener y generar prácticas amigables con el suelo, esto está íntimamente relacionado con el concepto de salud del suelo que se relaciona de manera directa con la salud humana y del planeta”, cierra.
Creditos: Natalia Quiero / Diario Concepción Ver nota original
Invisibles, ubicuos y cada vez más presentes: los microplásticos contaminan aguas, suelos y alimentos. Este 5 de junio, Día Mundial del Medioambiente, Chile pone el foco en un contaminante cada vez más extendido—y ya imposible deionorar
Difíciles de detectar, pero imposibles de ignorar, los microplásticos se han convertido en uno de los contaminantes más duraderos y extendidos del planeta. Están presentes en el aire, el agua, el suelo, los alimentos e incluso en nuestros propios cuerpos. Se trata de fragmentos menores a 5 milímetros, provenientes de envases, fibras textiles, redes de pesca y productos cosméticos. Su permanencia en el ambiente es tal que ya han sido hallados en lugares tan remotos como el hielo marino antártico.
Esa presencia extendida comienza a medirse con más precisión en Chile. Desde Puerto Montt hasta Concepción, la expedición científica Centinela I, liderada por la Universidad San Sebastián, detectó concentraciones de entre 10.000 y 80.000 partículas de microplásticos por kilómetro cuadrado en zonas costeras. El equipo recolectó muestras en desembocaduras de ríos y mar abierto, revelando que la contaminación por microplásticos no es un fenómeno aislado, sino generalizado. “El hallazgo en todas las zonas muestreadas revela que estamos frente a un contaminante omnipresente, capaz de viajar grandes distancias debido a su flotabilidad y lenta degradación”, explica Karla Pozo, investigadora de la Facultad de Ingeniería de la USS.
Más allá de la contaminación ambiental, los resultados de Centinela I tienen implicancias directas para la seguridad alimentaria. “Estos microplásticos pueden estar siendo ingeridos por el zooplancton, que es la base de la cadena trófica marina. Desde ahí podrían afectar a peces que luego consumimos”, advierte Pozo. Además de los posibles riesgos para la salud humana, la investigadora alerta sobre el impacto económico que esto podría tener en la pesca artesanal.
Lo que contamina la tierra también lega al plato
El impacto de los microplásticos no se restringe al océano. En suelos agrícolas de las regiones de Maule y Ñuble, estudios de la Facultad de Agronomía y el Centro de Biotecnología de la Universidad de Concepción han detectado entre 80 a 100 partículas de microplásticos por kilo de tierra, tanto en sistemas de cultivo orgánico como convencional de frutilla.
Aunque no existe aún un estándar internacional que indique cuántas partículas serían aceptables —ya que es un campo de investigación emergente—, se trata de niveles significativos para un entorno agrícola, donde en condiciones naturales no debieranestar presentes. “Estas partículas, que pueden alcanzar dimensiones microscópicas, afectan directamente el crecimiento de las plantas. Hemos observado una disminución de hasta un 27% en su altura, así como menor volumen de raíces, menos flores y menos biomasa aérea”, señala Mauricio Schoebitz, investigador del Centro de Biotecnología de la U. de Concepción. Pero los efectos no terminan ahí. Schoebitz explica que los microplásticos también alteran la biodiversidad microbiana del suelo —clave para la fertilidad— y pueden facilitar la acumulación de pesticidas, antibióticos y metales pesados en sus superficies. “Si son lo suficientemente pequeños, incluso pueden ingresar por las raíces y acumularse dentro de las plantas, lo que plantea un riesgo potencial para la cadena alimentaria”, advierte.
La Antártica bajo la lupa del plástico invisible
Investigaciones lideradas por Rodolfo Rondón, del Instituto Antártico Chileno (INACH), han encontrado presencia de microfibras y fragmentos plásticos en la almeja antártica Laternula elliptica. Esta especie vive enterrada en el fondo marino y se alimenta filtrando grandes volúmenes de agua, por lo que actúa como una suerte de “centinela ecológica”: al hacerlo, también acumula los contaminantes presentes en su entorno. En las muestras analizadas, se encontró contaminación en el 100% de los ejemplares por microfibras y en más del 80% por microfragmentos. “Esto representa solo la punta del iceberg”, advierte Rondón. Los análisis se centraron en partículas mayores a 300 micrones, pero los efectos más graves se asocian a fragmentos aún más pequeños
—capaces de atravesar membranas celulares— conocidos como nanoplásticos.
Según investigaciones lideradas por Rodolfo Rondón, el krill antártico —eslabón clave en la cadena alimentaria marina del sur— puede fragmentar microplásticos y transformarlos en nanoplásticos, lo que agrava el problema. En estudios de laboratorio realizados por su equipo, se ha observado que el nanopoliestireno altera la expresión de genes en las branquias de las almejas, especialmente aquellos vinculados al metabolismo y la respuesta antioxidante.Las implicancias van más allá de una sola especie. “Los organismos que filtran el agua están acumulando estos contaminantes, lo que puede alterar su nutrición y funcionamiento fisiológico, con consecuencias en cascada para otras especies de la trama trófica”, concluye. Esa red incluye al krill, peces, pingútinos, focas y ballenas, todas interconectadas por relaciones alimentarias que dependen del equilibrio de los organismos más pequeños.
Una ciencia con alcance global
No solo desde sus costas: Chile aporta evidencia clave para entender los efectos más invisibles —y potencialmente más dañinos— de esta crisis ambiental. Martín Thiel, académico de la Universidad Católica del Norte y fundador del programa Científicos de la Basura, pionero en involucrar a escolares y comunidades en el monitoreo de residuos marinos, señala que “hemos identificado las fuentes, que son nacionales, pues toda la basura viene del mismo Chile, y hay una comunidad científica investigando los impactos. Lo que falta son estudios de monitoreo, socioeconómicos, microplásticos y soluciones sustentables”, hace un llamado de atención.
Desde su perspectiva, retomar medidas como los sistemas de envases retornables y fomentar productos reutilizables sería clave para recuperar el terreno perdido. “Esto podría catapultar a Chile a un lugar de liderazgo e innovación. Hemos perdido ese liderazgo, y ahora los países vecinos nos han superado en la reducción de la contaminación con plástico”, afirma.
Una de las instituciones que ya está avanzando en esa dirección es el Instituto Antártico Chileno, que colabora con el Organismo Internacional de Energía Atómica para desarrollar metodologías de medición y trazabilidad de microplásticos. Su trabajo contribuye a posicionar a Chile en la red internacional de vigilancia ambiental, con foco en ecosistemas extremos como la Antártica.
Sin embargo, mientras las investigaciones avanzan, el país enfrenta una brecha regulatoria. En Chile, como en la mayoría de las naciones, no existe una normativa que establezca límites o protocolos para la presencia de microplásticos en el agua, el suelo o los alimentos. Aunque falta camino para dimensionar por completo sus efectos, la ciencia chilena ya ha dado pasos decisivos para visibilizar este contaminante invisible. El desafío hoy no es solo científico, sino también político y ciudadano.
Creditos: Ceina Iberti – Diario La Tercera
Con el lema “Agricultura sostenible: adaptándonos a los cambios globales” y con el fin de dar a conocer innovadoras investigaciones en el mundo del agro, así como intercambiar experiencias y metodologías en el área del agro, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Concepción comienza mañana el III Workshop de jóvenes investigadores de Ciencias Agronómicas.
El congreso dirigido a jóvenes del área agroalimentario, forestal, ambiental y afines (hasta 5 años después de haber obtenido su título de postgrado) se extiende hasta el 11 de enero, ya que se abordarán diversas temáticas relacionadas con producción sustentable de alimentos, suelos agua y medioambiente, agenda 2030 y protección sostenible.
Sobre la actividad la académica y Directora del programa Doctorado en Ciencias de la Agronomía, Dra. María Dolores López, destacó la importancia de desarrollar este tipo de instancias. “En su tercera versión tratamos de ser un evento de discusión de comunicación científica en el área del agro, donde principalmente jóvenes investigadores, ya sean estudiantes de magíster, de doctorado o algunos titulados recientes, muestran los trabajos de investigación que han ido realizando en diferentes temáticas como la producción sustentable de alimentos, suelos, agua y medio ambiente, entre otros”.
Por su parte la Directora del Programa Magíster en Ciencias Agronómicas, Dra. Marisol Vargas, agregó que, “para nosotros como Facultad es tremendamente significativo poder concretar este Workshop, ya que nació como una idea de nuestros propios estudiantes y que les da la oportunidad de relacionarse con jóvenes investigadores de otros centros y universidades”.
La jornada, que se ejecuta a través de los programas de postgrado de Agronomía UdeC, también cuenta con el auspicio del Centro de Recursos Hídricos para la Agricultura y la Minería de la Universidad de Concepción, CHRIAM, y en esta oportunidad contará con la participación de expertos nacionales y extranjeros.

